Wed 23 de Dec de 2015

Cómo disfrutar en Navidad sin que la prioridad sea consumir


 

Navidad no es consumir.

Pese a que nos empecinemos en diseñar excelentes estrategias de marketing para que nos compren. Navidad es otra cosa.

 

Navidad es soñar. Es el momento ideal para compartir instantes, abrazar a quienes más amamos y de rememorar aquellos  momentos que hemos atesorado y qué sólo nosotros sabemos que nos hacen felices.

 

En estas fechas los niños son los principales protagonistas, pero también podemos serlo los grandes. Tú puedes convertirte en el protagonista de tu Navidad.

 

Renacer es parte de sacar a relucir esa parte mágica que tienes y  que muchas veces en el año está apagada.

 

Deja volar tu imaginación y saca a pasear a tu niño interior. Date lo mejor, eres merecedor de buenos momentos, rodeado de la gente que quieres y te quiere, pero también contigo mismo.

 

Navidad es un momento ideal para establecer metas y mejorar nuestras vidas.

 

Para los cristianos en Navidad se celebra el nacimiento del Niño Jesús. No sé si eres creyente o no, pero Navidad es celebrar el milagro de la vida.

 

¿Te acuerdas cuando escribías la carta a los Reyes Magos? Haz memoria, tal vez en alguna de ella le has pedido ese camión de bomberos o ese vestido de princesa que tanto deseabas tener.

 

En ese momento la Navidad era magia y tú pura inocencia. La Navidad brillaba como un cuento de hadas.

 

En ese momento los sueños se hacían realidad al abrir los regalos.

 

En Argentina, país donde nací, es tradición celebrar más la llegada de Papá Noel que de los Reyes Magos.

 

Recuerdo que en aquella Navidad  tenía 6 años y había pedido un bebote con su ropa. Para mi sorpresa, esa Navidad, Papá Noel me trajo a Carolina, una beba a la que amé profundamente y me acompañó durante parte de mi infancia.

 

También recibí un ropero que mi madre había mandado a tallar y ella misma había hecho las perchas a mano y colgado toda la ropita que había tejido para mi pequeña beba.

 

Carolina dormía en una camita de madera también y estaba tapadita con las sábanas que mamá había cocido de una tela que tenía por ahí.

 

¿Por qué esa Navidad fue mágica?  Porque al día de hoy para mí no fue importante el regalo que recibí, sino el amor que mamá puso al hacer la ropita, las perchas, en confeccionar las sábanitas, en enviar a hacer la cama y el ropero que yo no esperaba y que ella creía que podía hacerme ilusión.

 

Si en Navidades solamente nos centramos en regalar, probablemente cuando nuestros hijos sean mayores no recuerden nada especial en relación con estas fechas.

 

Pocos regalos y mucha dedicación pueden convertirse en las mejores fiestas de nuestra vida.

 

Dedicación al pensar en el menú que más les guste quienes compartan nuestra mesa, dedicación en la decoración, en las palabras y en los abrazos que regalemos ese día.

 

Las fiestas se asocian a grandes comilonas, a las que llegamos agotados de recorrer centros comerciales para encontrar ese regalo que creemos que será especial cuando tal vez especial es compartir la mesa, jugar con los más pequeños al terminar de cenar o prestarles más atención y no quitarlos del medio.

 

Aprovechar esa cena para abrazar a nuestra familia y decirles cuanto los amamos. Regalarles una nota en la que expresemos nuestro agradecimiento por las cosas que han hecho por nosotros o por nuestros hijos, o simplemente por estar en nuestra vida.

 

Pegar a los más pequeños de la familia a nuestro corazón y disfrutar de todo el amor que son capaces de dar sin pedir nada a cambio.

 

Navidad se supone que debería ser una época de recogimiento, encuentro con nuestros seres queridos y meditación sobre lo que hemos hecho el año que pasó y qué queremos mejorar.

 

Si pasas una Navidad solo, es un día ideal para meditar y conectar contigo sobre qué quieres para el año que se inicia, dar gracias por todo lo que tienes y pensar en todo lo que quieres conseguir en el año que está por llegar.

 

La gratitud te traerá felicidad. Los expertos dicen que quienes agradecen son menos propensos a la decepción, al arrepentimiento y a la frustración.

 

¿Cuántas veces has agradecido el regalo de haber nacido? ¿Cuántas veces has agradecido a tus padres el desvelo durante las noches en las que estabas malito? Busca cinco cosas por las cuales agradecer y dísela esta Navidad a quien creas que tienes que mostrarle gratitud.

 

¿Cuántas veces le has dicho a tu hijo la felicidad de que haya nacido? Cualquier anécdota te servirá para transmitirle a tu hijo la emoción con que la familia vivió su llegada. Si no tienes hijos, hazlo con tus sobrinos o hijo de algún amigo que quieras mucho.

 

Navidad es alegría. Por ello yo celebro contigo el que me estés leyendo y poder decirte que mi Navidad eres tú.

 

Gracias Eva por esta preciosura de vídeo que resalta el valor de prestar atención en Navidad a lo que realmente amas.

 

 

¡Feliz Navidad amigo! Que recibas el próximo año con el corazón abierto y que recibas lo mejor, porque te lo mereces.




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